miércoles, 23 de noviembre de 2011

Otra vez

Mi Amo es el terror de la cocina...



...y no precisamente por sus guisos.

Mi culo con marquitas de esas que ya no me suelen salir. Pero claro esta vez me dejó el culo pero bien azotado.

Y es que una no gana para utensilios de cocina.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Rejuvenecedor celular.


Mi Amo está lejos, en viaje de trabajo y yo aquí solita.

Con las mismas he aprovechado para pasarme por un montón de blogs que tengo guardados en una pestaña de mi navegador y ha sido un poco frustrante la verdad. He visto como uno tras otro (y tengo más de diez memorizados) han ido cerrando o la última entrada la tienen de hace meses. Espero que sea, como me pasa a mí por otra parte, pereza.

Por otro lado he pasado por uno de los pocos que se mantenía vivo y he leído lo nuevo que en él había. Me ha gustado especialmente una entrada que la autora titulaba "Harta" con el que me he reído y en la cual me he visto en esa situación tan típica de estar leyendo algo e ir asintiendo con la cabeza. La verdad es que tenía mucha razón, lo que pasa es que yo he pasado a una etapa en mi vida que yo llamo de "rejuvenecimiento". Pasaré a explicarme. He hecho mía la máxima del siguiente chiste:

Dos amigos se encuentran en la calle tras largo tiempo sin verse.
-Pepe, pero qué bien te encuentro, por ti no pasan los años ¡qué joven estás!
- Ah,sí. Esto es de no discutir.
- Hombre Pepe, no será por eso.
- Pues no será.


En fin el chiste es muy malo pero ha pasado a ser mi botox particular, por lo que ya ni me hastían las cosas, me dan risa. Como dice mi madre "mientras que me dejen en paz, a mí como si se la pica un pollo". Pues yo lo mismo.

Con mi Amo de lujo, no sé si decir cada vez mejor porque llevo diciendo eso más de tres años y medio. Pero lo que es verdad es que las cosas de los demás ni me influyen como antes, ni me dan envidia hace mucho tiempo (esos tres años y medio) y ya ni me hartan. Paso de listillos, pajilleros, amos que sientan cátedra, sumisas que lo saben todo o que te dan la opinión que no has pedido. Me da todo igual porque ya no sé de nadie.

No sé muy bien si no discuto (hablo de lo personal porque en lo laboral...) porque estoy ya pasada de rosca, porque todo me da igual o porque creo que la vida es muy corta para andar encabronada todo el día, porque eso sí, broncas si las buscas las encuentras en cada esquina. Y no hablo ahora en el ambiente BDSM que yo no conozco salvo a algunas personas en Barcelona ya que no frecuento chats, ni foros ni nada de eso, sino que me refiero a "la vida misma".

Hablando de discusiones, eso es una de las cosas que más valoro de la relación con mi Amo, que no las hay . Es tranquila sin la connotación de aburrida y la verdad visto como está todo es para no soltarle en la vida. Además después de todo este tiempo sólo con pensar en verle me pongo a mil.

En fin ¡cuánto me aburro! ¿no?

martes, 1 de noviembre de 2011

Órdenes.




Las órdenes habían sido claras. Luz apagada; la puerta de la habitación del hotel abierta de manera que desde fuera se pudiera abrir pero que sólo un ojo conocedor de la situación pudiera verlo así; desnuda; tacones; el antifaz puesto; el collar en mi cuello y la cadena enganchada a él; los brazos apoyados en la pared, en esa postura en las que en las películas cachean a los delincuentes y la tralla y la caña encima de la cama.

"A partir de las 8 estate preparada". Eran casi las 8 y me coloqué esperando.

Los minutos pasaban. Dos o veinte, me era difícil controlarlo y la ansiedad no ayudaba.

Se abrió la puerta y se cerró tras de mi Amo. Reconocería sus pasos entre mil. Dejó algo en la mesa...o eso me pareció. Me pegó la cabeza a la pared y sacó el culo hacia fuera creando un arco en mi espalda. Ni una palabra. No lo necesitaba, ya sabía lo que tenía que hacer.

Me quedé quieta unos minutos intentando averiguar, por los ruidos que hacía, que vendría después. Oí el ruido de una puerta al cerrarse, la cadena del váter, un grifo... y la puerta de nuevo. Se acercó, podía sentirle respirar detrás de mí. Me olió el pelo agarrándomelo con fuerza.

Pasaron unos segundos y de repente noté el trallazo en mi culo. Uno tras otro, sin prisa pero sin pausa fueron cayendo sobre mí. Estuvo un largo rato azotándome, sin parar a pesar de que a veces me revolvía aunque sin cambiar la postura.

Paró, acercándose a mi por detrás, pegándose a mis nalgas doloridas, estrujándome las tetas con sus manos. Notaba su polla dura dentro de su traje en mi espalda. Esa que sabía en poco tiempo tendría en mi boca. Pero aún habría un rato de tralla y algo de caña antes de que pudiera tenerla para mí.

Los azotes siguieron un rato no demasiado largo aunque mi Amo aumentó la intensidad bajando ligeramente el ritmo de los mismos. Al final pasó a la caña, fueron pocos azotes, la reservaba para otro momento.

Me agarró del pelo y me puso de rodillas frente a él. "Las manos a la espalda". Por primera vez oía su voz. Crucé los brazos en la espalda sujetándome con una mano la otra muñeca. Pude oír la cremallera del pantalón y a los pocos segundos tenía su polla en la boca. Era mi Amo el que marcaba el ritmo y la profundidad. Yo mantenía la boca abierta e intentaba mantener el equilibrio.

Después de unos minutos se sentó en la cama . "A cuatro patas" "Quiero que con cada azote te metas toda la polla hasta la garganta".

Así me fue dando azotes más o menos espaciados en los que yo metía mi cabeza entre sus piernas hasta tragármela toda. A veces, con su mano, mantenía mis labios apoyados en su pubis unos segundos más, hasta que notaba que no podía más.

"Ponte en la pared, me apetece azotarte un poco más".

Volvió a coger la tralla y volvió a azotarme durante unos minutos. Cuando acabo empecé a oír unos ruidos de los que seduje que mi Amo estaba desvistiéndose.

Efectivamente, en pocos minutos estaba pegado a mi espalda, haciéndome notar su desnudez, colocándome el collar de manera doble. Yo ya sabía lo que venía después.

Y así fue, mi Amo me inclinó un poco de manera que tuve que agarrarme bien a la pared para no caerme mientras me metía la polla y empezaba a follarme agarrándome del collar con una mano y azotándome con la caña con la otra como si quisiera que su yegua corriera a galope. Empecé a moverme para ayudar a mi Amo en la penetración hasta que, acelerando los azotes, mi Amo se corrió.




Mi Amo , lo siento, no me ha salido un relato muy original, pero es que a mí lo que me pone realmente no es imaginar sino recordar.